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Turismo cultural

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San Vicente de Pombeiro

La iglesia de San Vicente de Pombeiro se encuentra en el concello de Pantón, asomada al río Sil. Perteneció a un antiguo monasterio de monjes benedictinos y se desconoce la fecha exacta de su fundación, pero se sabe que ya existía en el año 935. En el siglo XII es anexionada a Cluny y se convierte en priorato de la abadía borgoñesa. En 1508 aparece como priorato del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, por la reforma que ordenaron hacer los Reyes Católicos.

San Vicente de Pombeiro

De las primitivas dependencias monacales en la actualidad no se conserva nada. La iglesia es uno de los ejemplares de arte románico más interesantes de la Ribeira Sacra. Tiene planta basilical de tres naves y tres ábsides, aunque el proyecto inicial parece que fue modificado. En la fachada principal se encuentra la portada con arquivoltas algo apuntadas y decoración geométrica. Sobre ella se puede ver un tejaroz con arquitos de medio punto que se apean en canecillos. En la esquina del muro norte se encuentra una torre cuadrangular en su inicio y luego circular, algo infrecuente en el románico gallego. Conserva las puertas norte y sur.

En el interior podemos ver el retablo mayor, barroco, de mediado del siglo XVIII, probablemente relacionado con el taller del artista ourensano Castro Canseco. Si algo llama la atención en el interior de la iglesia son las pinturas murales que se conservan. Fueron descubiertas en el año 1996. En el muro norte podemos ver un Juicio Final, además de otras representaciones como San Miguel. En una de las columnas del lateral norte están Santa Ana y el nacimiento de Cristo (entre otras) y en el lateral sur, los ángeles que portan los instrumentos de la Pasión de Cristo. En los muros del ábside central, el artista pintó la Última Cena y una Lamentación sobre Cristo Muerto.

San Vicente de Pombeiro

Santo Estevo de Atán

Santo Estevo de Atán perteneció a un antiguo monasterio benedictino del que apenas tenemos noticias. Su fundación se atribuye al Obispo Odoario en el siglo VIII, y desde el siglo XI aparece vinculado a la catedral de Lugo. La iglesia es un ejemplo del románico de comienzos del siglo XIII.

Presenta una cabecera rectangular y una sola nave. La portada principal tiene tres arquivoltas apuntadas y un tímpano con una inscripción. La chambrana está decorada con rosáceas. En los capiteles predomina la decoración vegetal, aunque también podemos ver a un cuadrúpedo asociado a un león protector y a dos personajes que representan a Adán y Eva. Conserva además la puerta norte, con decoración similar a la principal. En el lateral sur podemos ver algunos canecillos con interesante decoración. En la torre campanario se conservan una serie de elementos prerrománicos. El interior es muy sobrio pero en sus muros tenemos unas pinturas del siglo XVI.

En la cabecera,  la Anunciación, el martirio de San Esteban, Santa Lucía y Santa Margarita. En el muro sur destaca el Juicio Final y en el muro norte, además de la Asunción, una pintura difícil de interpretar.

 

San Fiz de Cangas

La iglesia de San Fiz de Cangas perteneció a un antiguo monasterio de monjas benedictinas del que no se conserva nada, ya que sufrió la reforma que ordenaron hacer los Reyes Católicos a comienzos del siglo XVI.

El mayor auge del monasterio fue en el siglo XII, cuando se construyó la iglesia románica. El proyecto inicial parece que era algo más ambicioso, pero finalmente se levantaron tres ábsides y una sola nave.

San Fiz de Cangas

La portada principal de acceso al templo no es de grandes proporciones. La arcada está ligeramente apuntada, decorada con rosáceas. En el tímpano podemos ver una cruz, custodiada por el sol y la luna, además de una serie de elementos geométricos. Las columnas fueron robadas y sobre el lugar que ocupaban se pueden ver a dos cuadrúpedos que avanzan hacia la puerta. La puerta norte es muy sencilla, decorada con elementos circulares.

En el interior podemos ver que la nave es más ancha de lo normal, seguramente porque en el proyecto inicial estaban planteadas tres naves, que se corresponderían con los tres ábsides. Presenta un falso crucero y los capiteles tienen interesante decoración zoomorfa (leones, gatos, simios) y vegetal. El ábside norte fue modificado para albergar una capilla funeraria. También se conserva un lienzo con pinturas murales del martirio de San Sebastián.

Colegio de Nuestra Señora La Antigua

En el Campo de la Compañía, en pleno centro de la ciudad de Monforte de Lemos, encontramos uno de los edificios más emblemáticos de Monforte de Lemos: el Colegio de Nuestra Señora La Antigua, el legado más valioso dejado por la Compañía de Jesús en Galicia. El colegio fue fundado por el cardenal Don Rodrigo de Castro, hijo de la III Condesa de Lemos, Doña Beatriz de Castro, y de Álvaro Osorio. Las obras del colegio comenzaron en el año 1593 y terminaron en el año 1913, tras la venta del cuadro La Adoración de los Reyes, del pintor Van der Goes.

Don Rodrigo creó un gran centro de enseñanza en Monforte y decidió que fuese regentado por los jesuitas bajo la advocación de Nuestra Señora de La Antigua, de la que era muy devoto, ya que era arzobispo en Sevilla. El edificio es de estilo renacentista y de traza herreriana, con un gran templo en el centro y dos cuerpos laterales completamente simétricos. La fachada está realizada en granito del país y mide 110 metros. Coronan la fachada de la iglesia el escudo de España y el escudo del cardenal.  Es conocido como El Escorial gallego, por el parecido con este edificio.

En su interior conserva obras muy interesantes. Llama la atención por su amplitud la escalera monumental, obra de Pedro Marlote y Juan de la Sierra, realizada en granito compacto con peldaños de una sola pieza, que apenas han acusado el paso de los años. Posiblemente fue construida entre 1594 e 1603. Consta de tres tramos, sin visible apoyo en el central, que se sostiene mediante un juego de fuerzas que actúan apoyadas en potentes muros.

El claustro es de estilo dórico-romano. El cuerpo inferior está abierto, cubierto con bóveda de arista, y presenta rosetones en las intersecciones de los nervios. El cuerpo superior consta de una galería cerrada. En los arcos centrales encontramos cuatro escudos relacionados con la historia del edificio: el del cardenal Rodrigo de Castro, el de la Casa Lemos, el de la Casa de Alba y el de las Escuelas Pías. La iglesia es de estilo jesuítico y está inspirada en el Gesú de Roma. Tiene  planta  de cruz latina, con los brazos del crucero poco desarrollados. En el crucero se sitúa una cúpula de media naranja, con linterna. En los cuatro apoyos de la misma se pueden ver cuatro  ángeles policromados, que en una mano sostienen el escudo del cardenal y en la otra el anagrama con el nombre de Jesús. La cúpula y  la linterna sufrieron deterioros por el paso del tiempo, y sobre todo a causa del terremoto de Lisboa del año 1755.

El retablo, dedicado a la Virgen María, fue comenzado por el  escultor gallego Francisco Moure y terminado por su hijo, ya que el escultor muere antes de terminar la obra. Consta de dos bases y tres cuerpos superpuestos, rematados por tres escudos (en los laterales el del cardenal y en el centro, más grande y actualmente desaparecido, debía de estar el de los jesuitas, pero cuando Carlos III decretó la expulsión de esta orden de España se borraron todos los símbolos de la misma en el colegio). Visto de arriba a abajo y de izquierda a derecha aparecen esculpidos el nacimiento de la Virgen; San Ignacio de Loyola; la Anunciación; la Visitación a su prima Santa Isabel; la Virgen de la Antigua; el titular de la iglesia (interpretación en relieve del cuadro de la hornacina lateral izquierda, muy barroco); la Adoración de los Pastores; la Circuncisión y la Adoración de los Reyes. En el templete vemos el sacrificio de Isaac. En la base del cuerpo central hay escenas de la vida de la Sagrada Familia en Nazareth y de la infancia de Jesús. En los  pedestales de las columnas se encuentran esculpidos, en medio relieve, los cuatro evangelistas (San Marcos, San Juan, San Mateo y San Lucas) y en los intecolumnios (que forman el zócalo superior de 1,10 metros de alto) están esculpidas  las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza). Los dos cuerpos inferiores del retablo son obra de Francisco Moure, así como la imagen de la Virgen de La Antigua. El cuerpo superior fue terminado por su hijo. En la cabecera, mirando a hacia el retablo, se encuentra el sepulcro del cardenal, atribuido al escultor Juan de Bolonia.

El púlpito  es de estilo renacentista y posiblemente fue diseñado por el propio Francisco Moure, aunque la obra fue llevada a cabo por su hijo. Se apoya sobre una hermosa águila y en su contorno aparecen los cuatro doctores de la iglesia.  En una de las capillas laterales encontramos una obra de importante valor: el Santo Cristo, obra del escultor italiano Valerio Cioli, realizado en mármol. Fue encargado por Felipe II para la iglesia de El Escorial, pero no le gustó mucho, por considerarlo demasiado musculoso, y se lo regaló al cardenal por su amistad con él. En la siguiente capilla se encuentra la copia del cuadro de La Adoración de los Reyes de Van der Goes; el original fue vendido para poder terminar las obras del colegio a principios del siglo XX al Museo de Berlín. La última capilla es la de las Reliquias. Es de estilo barroco y en ella están las reliquias traídas por el cardenal de sus frecuentes viajes a Roma. La mayoría de ellas desaparecieron durante las tres invasiones que sufrió Monforte por las tropas napoleónicas.

La antigua sacristía de la iglesia, obra de 1699, alberga el museo. Conserva obras interesantes como dos pinturas de El Greco y cinco tablas atribuidas al taller del pintor italiano Andrea del Sarto, además de objetos que pertenecieron al propio cardenal. En la actualidad, el edificio sigue siendo colegio, gestionado por los Padres Escolapios y el patronazgo de la Casa de Alba, heredera en el siglo XVIII del Condado de Lemos.

 

 

Santa María de Pesqueiras

Entre bosques  centenarios, reacia a desaparecer de la historia, la iglesia de Santa María de Pesqueiras es otra de las joyas del románico que atesora la Ribeira Sacra. A orillas del Miño, con el embalse de Belesar a sus pies, orgullosa nos muestra sus influencias Mateanas, que seguramente transportó el río. La iglesia fue en origen un monasterio femenino de la orden benedictina,  pero Santa María de Pesqueiras fue otro de tantos monasterios que vieron partir a sus monjas torquinegradas hacia tierras de Compostela, en el año 1515, condenadas por una orden y una reforma que los nuevos monarcas católicos aplicaron celosamente en tierras gallegas.

Santa María de Pesqueiras

La  iglesia de Santa María de Pesqueiras tiene planta de nave y ábsides únicos, ambas con techumbre de madera y bóvedas. Su adaptación al terreno irregular de la Ribeira Sacra hace que tenga su nave en dos niveles, salvados por unas generosas escaleras; el altar también se remarca en altura.  Tanto en la decoración de sus ventanas y canecillos como en la del arco triunfal, que resalta la zona sagrada del altar, se observan claramente influjos del Maestro Mateo. En su mayoría tienen decoración fitomórfica. Los absidiolos de la cabecera, que no se manifiestan al exterior, copian las mismas fórmulas que la vecina Iglesia de Santo Estevo de Ribas de Miño.

Santa María de Pesqueiras

Las ventanas inundan de luz el presbiterio y las naves. Una delicada puerta sur, con doble arquivolta y dos pares de columnas,  nos introduce en el templo bajo sogueados, perlados, botones y sarmientos que, como los cimacios, de nuevo apuntan a Mateo.  La fachada principal, que sufrió reformas, conserva su campanario. Es de las pocas iglesias románicas que no vio modificada su planta con la adhesión de construcciones o sacristías. La construcción de esta iglesia la fecharíamos a inicios del siglo XIII, cuando ya las formas y soluciones  inventadas por Mateo se desarrollan y evolucionan en las manos de artistas llamados “menores”, que pueblan nuestro rural y difunden un lenguaje viejo pero que se renueva. Se ha perdido la imagen de Nuestra Señora de Pesqueiras, probablemente de la misma época que la iglesia, el siglo XIII. No fue la piedra el material elegido para su construcción y desapareció en un  incendio. Sí podemos aún disfrutar,de las pinturas del siglo XVI que algún maestro itinerante recibió el encargo de pintar. Quizá sea del donante la misteriosa  imagen que desde un lugar privilegiado nos observa en su medallón, a la vez que se inclina ante la imponente imagen de María.

Santa María de Pesqueiras

En realidad, las pinturas nos cuentan una historia conocida por todos, pero a su vez juegan entre ellas y con nosotros con sutiles y curiosos guiños que a primera vista pasan desapercibidos. Estamos ante una Anunciación curiosamente fragmentada para adaptar al espacio la representación. A un lado encontramos al arcángel Gabriel, y al otro una delicada Maria que irradia serenidad y pureza  en todos sus detalles. Preside el conjunto el Pantocrátor, el Padre Eterno, sosteniendo en una mano la bola del mundo, que corona con una cruz, mientras que con la otra nos bendice o nos advierte. La figura tiene una tiara triple y una colorida capa roja. En el muro norte, la Resurrección también se adapta al espacio disponible: en la Ribeira Sacra el espacio era un tesoro, y la lucha por su conquista una quimera, que está presente en todo.

La magnificencia del Juicio Final, imponente y aterradora,  se despliega por el muro sur . Pero aquí  encontraremos el capricho manierista, que se asoma en las poses forzadas, casi teatrales, de los condenados, y en la maldad de los pecadores…El ingenio y el poder del mal se manifiestan en demonios que portan mosquetes, que con su izquierda manejan y nos amenazan. En el lado del mal los colores se encienden, se vuelven rojos, tierras.. y todo es absorbido por una boca demoníaca. El lado del bien lo domina San Pedro, que espera y acoge en sus murallas a los justos, ordenados y obedientes que caminan hacia él. Cristo aparece sobre nubes celestiales, anunciado por ángeles trompeteros y  flanqueado por su corte celestial, donde todos sabemos quién es quién a través de sus atributos, que a su vez nos recuerdan lo importante y duraderos que son nuestros actos. Por eso allí está San Miguel luchando contra el dragón, el símbolo del mal, al que consigue dominar. El mensaje está lanzado… y tú serás uno de los afortunados que lo entienda.

Santa María de Proendos

Para algunos historiadores, en este lugar se encuentra la mítica Proentia de los romanos. Se han encontrado numerosos restos romanos procedentes del asentamiento y reutilizados en distintos lugares. La iglesia de Santa María de Proendos se constituye como parroquia en el siglo XII. De la fábrica románica solo se conserva el presbiterio rectangular: el resto de la iglesia está muy modificada. Presenta una sola nave rectangular, una cabecera rectangular y cubierta de madera. En el exterior del ábside podemos ver un sillar decorado con una cruz con los brazos trebolados. Puede que se trate de la piedra angular, con la cual se comenzaba la construcción de la iglesia. El Obispo o un legado suyo realizaba la bendición y se enterraba, y sobre ella se construía la iglesia. Posiblemente esta piedra apareció en alguna restauración y fue colocada donde la vemos ahora.

Proendos

En el interior de la iglesia podemos ver que el arco triunfal de acceso al presbiterio presenta una moldura de ajedrezado. Está cubierto con una bóveda de cañón, con arcos de medio punto que reposan sobre gruesas columnas. De los cuatro capiteles, dos de ellos aparecen esbozados. En los otros dos, el capitel de la izquierda presenta decoración vegetal con bolas. Para algunos autores se trata de un grano de cereal, símbolo eucarístico. El capitel de la derecha se apoya sobre una columna monolítica de mármol que seguramente procede del primitivo asentamiento romano. En el capitel podemos ver una decoración, de tipo vegetal para algunos autores, aunque otros interpretan que representan las mitras y báculos de los obispos, la jerarquía más alta dentro de la iglesia, después del Papa.

En la bóveda del presbiterio se conservan las pinturas murales del siglo XVI. Fueron descubiertas por el párroco en los años 70 y restauradas en el año 2002. Tienen características de la pintura renacentista, como el intento de lograr la perspectiva, el tratamiento de los paños o el detalle de introducir en las escenas elementos arquitectónicos. Si miramos al frente, empezando dese la izquierda encontramos las siguientes escenas: Adoración de los Reyes Magos; Huida a Egipto; La Anunciación (en la cabecera, el lugar más destacado del presbiterio); La Visitación; San Blas; La Adoración de los Pastores. El antiguo retablo mayor de la iglesia es de estilo barroco. Está dedicado a la Asunción de María, aunque los seis angelotes que la rodeaban fueron robados. En otro de los retablos de la iglesia se encuentra la imagen de San Amaro, uno de los santos con mayor devoción en la parroquia.

San Julián de Lobios

La iglesia de San Julián de Lobios es uno de los mejores ejemplos de tardorrománico que se conservan en la Ribeira Sacra. Perteneció a un antiguo monasterio de monjas benedictinas, que sufrió la reforma ordenada por los Reyes Católicos a principios del siglo XVI, y que motivó su abandono. De las dependencias monásticas no se conserva nada. La iglesia, convertida hoy en parroquia, presenta una sola nave rectangular con cubierta de madera y una cabecera rectangular.

Lobios

En el interior, el tramo presbiterial se cubre con bóveda de crucería, apoyada sobre ménsulas-capitel, un elemento estructural característico de la arquitectura tardorrománica galaica. En las cuatro ménsulas aparece esculpido el Tetramorfos según la visión de Ezequiel. Si  miramos de frente al altar, a la izquierda vemos el toro de San Lucas y el león de San Marcos. A la derecha están el águila de San Juan y el ángel de San Mateo.  Estas figuras fueron realizadas por manos distintas, ya que podemos observar diferencias en la técnica. En las representaciones de San Lucas y San Marcos se perciben mayores destrezas. El artista cuida el modelado de los cuerpos, dotándolos de formas redondeadas, y está bastante claro que se inspiró en modelos locales. En el caso de San Juan y San Mateo observamos que el artista era menos habilidoso, ya que la labra es más tosca.

En el exterior destacamos su portada sur, de marcado abocinamiento. Las arquivoltas se apoyan sobre capiteles con interesante iconografía: es una confrontación entre el bien y el mal. A la izquierda están representados unos centauros, que simbolizan la lujuria y la soberbia. En el centro hay un capitel con decoración vegetal. A continuación tenemos la alusión al alma fiel, representada en las aves. A la derecha encontramos, en primer lugar, la representación de San Miguel matando al dragón, al que vence. Seguidamente vemos otro capitel con decoración vegetal, y, por último, el dragón que representa a Satán, rey de los infiernos. En el muro sur se conservan además interesantes canecillos.

Lobios

La portada principal es similar a la sur. La decoración de sus capiteles es vegetal, con hojas de palmera y de helecho. Sobre la portada se puede ver una hermosa ventana con dos vanos, arco apuntado y decoración con bolas y conchas de vieira. Conserva tapiada la puerta norte, que daba acceso al claustro, que tiene chambrana de ajedrezado y decoración geométrica y vegetal.

San Juan de Portomarín

La iglesia de San Juan, o de San Nicolás, preside la plaza del Conde de Fenosa en Portomarín. Asociamos Portomarín con el Camino de Santiago, pero también estamos en la Ribeira Sacra. A este lugar llega la orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén en el siglo XII, para hacerse cargo del hospital de peregrinos. La iglesia se construyó un siglo después, en el XIII, y para erigirla aquí se traslada uno de los colaboradores más directos del Maestro Mateo (algunos autores, como Pita Andrade señalan la presencia del propio Mateo en la construcción del templo), que se encargará de la construcción del templo, a la orilla del Miño en una posición estratégica en el Camino Francés. Su ubicación actual no es la original: fue trasladada a este punto antes de la construcción del embalse de Belesar, que la anegaba. Por eso todavía se puede ver la numeración de los sillares.

Iglesia de Portomarín

Tiene la estructura de una iglesia-fortaleza. Consta de una sola nave y cabecera semicircular, precedida de un tramo recto. La fachada principal está coronada por una almena, con saeteras y torres a ambos lados. Presenta un gran arco de descarga, dividido en dos partes por un tornalluvias. En la parte superior tiene un enorme rosetón, labrado al detalle, que es uno de los de mayor tamaño en Galicia. En la parte inferior se encuentra el pórtico principal, con tres arquivoltas de medio punto, abocinadas y decoradas con motivos vinculados al taller de Mateo. Destacamos la interior, donde aparecen los 24 Ancianos del Apocalipsis tocando sus instrumentos musicales. El tímpano, liso y monolítico, está decorado con la figura del Pantocrátor. Conserva la puerta norte y la sur. En el tímpano norte se representa la Anunciación y el sur una figura con casulla y mitra entre dos personajes. Las arquivoltas de ambas puertas están ricamente decoradas.

El interior de la iglesia es sobrio y elegante. La nave se cubre con una bóveda de cañón apuntado, que en el tramo anterior a la cabecera se completa con dos aristas. La cabecera está cubierta con bóveda de cañón el tramo recto y de cascarón. Sobre el arco triunfal se abre un rosetón que ilumina la nave. A ambos lados, dos baldaquinos. A ambos lados de la puerta principal, dos escaleras de caracol dan acceso a un corredor al pie del gran rosetón y, desde él, al paseo de ronda almenado y a las cuatro torres también almenadas. San Juan de Portomarín es uno de los mejores ejemplos del románico gallego, y una visita obligada para los amantes de este estilo.

Petroglifos de Carballedo

En el monte do Fabeiro, en Carballedo, encontramos un interesante conjunto rupestre compuesto por tres paneles de petroglifos. Dos ellos se hallan a escasos metros uno del otro, mientras que el tercero está a medio kilómetro.  El estudio del arte rupestre gallego se ha centrado, desde las primeras investigaciones, en el ámbito de las Rías Baixas, referente imprescindible del noroeste peninsular. Sin embargo, a medida que pasan los años los hallazgos en otras zonas de la comunidad gallega aumentan, como es el caso de la provincia lucense. Los petroglifos de Carballedo presentan grandes similitudes con otros cercanos de los municipios de Antas de Ulla, Sober y Pantón. Exhiben variados motivos geométricos, principalmente círculos concéntricos de variado tamaño. También se observan cazoletas y surcos combinados, en ocasiones, con aquellos elementos circulares. La roca de mayor tamaño posee 2,50 metros de largo y se encuentra totalmente cubierta por estos grabados de temática abstracta.

Cronológicamente podemos enmarcarlos entre el período Calcolítico y la Edad de Bronce, momento de mayor apogeo en la práctica de grabados rupestres. Dado que las rocas se encuentran en el límite de dos parroquias, los arqueólogos sugieren que su función es principalmente delimitadora. Sin embargo, otra teoría que cobra fuerza es la señalización de lugares de culto o zonas en las que se realizaban rituales espirituales o de iniciación. Además, los petroglifos han sido justificados en la tradición oral mediante leyendas de mouros, que, junto con las religiosas, son muy abundantes en el folklore gallego. Los mouros son seres del imaginario popular, moradores de los castros y poseedores de mucho oro. Sus tesoros eran escondidos bajo piedras grabadas y huecas, es decir, nuestros petroglifos.

 

 

Iglesia de San Miguel de Eiré

Uno de los ejemplares más interesantes del románico de la Ribeira Sacra y de Galicia es, sin lugar a dudas, la iglesia de de San Miguel, conocida popularmente como O Mosteiro. Perteneció a un antiguo monasterio benedictino fundado por Escladia Ordoñez en el siglo XII,  que pierde su independencia en 1507 con la reforma que ordenaron hacer en los monasterios gallegos los Reyes Católicos. Sus rentas pasaron al Hospital Real de Santiago y sus monjas fueron recluidas  en el monasterio de San Paio de Antealtares, en Santiago de Compostela. Del antiguo monasterio solo conservamos la iglesia románica,  que pertenece a la segunda mitad del siglo XII.

San Miguel de Eiré

Su planta es de una gran sencillez: una sola nave con ábside semicircular en el interior y en el exterior, precedida de un tramo recto. Entre la nave y el ábside tenemos otra nave transversal, sobre la que va asentada una torre rectangular, cubierta a los cuatro costados, y que hace del conjunto uno de los ejemplares más originales del románico gallego. La puerta norte es una de las piezas más interesantes de la iglesia: está formada por un  arco de medio punto de pequeñas proporciones. La chambrana está decorada con ajedrezado, tiene 12 dovelas, todas menos una decoradas con rosetas, decoración inusual en Galicia. En la otra podemos ver el Agnus Dei. El tímpano es muy sencillo y presenta una decoración geométrica con unos círculos entrelazados.

San Miguel de Eiré

Si algo nos llama la atención en esta puerta son sus mochetas, decoradas con un tetramorfos de original iconografía. A la derecha tenemos dos figuras con cabeza humana y cuerpo animal. La que encontramos hacia el interior tiene pezuñas y cuernos, y  sobre su cabeza aparece escrito “LU”. A su lado, la otra cabeza humana tiene cuerpo animal con garras, y,  sobre su cabeza aparece escrito “MA”. Sería la representación de los evangelistas Lucas (con su atributo, el buey) y Marcos (con su atributo de León). Enfrente tenemos una curiosa representación de Juan y Mateo: por un lado, una cabeza humana con alas (Juan y su atributo de águila), y, para representar a Mateo, una mano sobre la barbilla de esa cabeza. Además, esta puerta está decorada en el interior: es una joya.

San Miguel de Eiré

Dentro de la iglesia encontramos piezas interesantes, como una ventana geminada con arcos de herradura, arcos que nos hablan de un templo anterior, o su pila bautismal, donde, según la tradición, los niños son bautizados por inmersión. Hay también restos de pinturas murales, quizás del siglo XVI, representando un Juicio Final. Además, todo el templo presenta gran variedad de capiteles y canecillos con interesante iconografía, que han dado lugar a numerosas interpretaciones.

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